viernes, 13 de mayo de 2011

El trago como lubricante social. Capítulo I


Públicamente he dicho que al ecuatoriano promedio le encanta el trago. Así a primera vista muchas personas pueden pensar que exagero pero tengo una serie de motivos por los cuales defiendo esta tesis. La primera y, para mí, la más contundente es que a muchos de nosotros nos amamantaron con Julio Jaramillo. Y esas canciones como “El día en que me faltes me arrancaré la vida” o “Si tu mueres primero, yo te prometo que escribiré la historia de nuestro amor con toda el alma llena de sentimiento, la escribiré con sangre con tinta sangre del corazón” definitivamente nos arruinaron la psiquis y nos pusieron un modo sufridor por default. Aunque personalmente prefiero ser de la generación que se crió con J. Jaramillo y no con J. Bieber.

Nuestro país se caracteriza por una gran variedad gastronómica pero también por una diversidad de bebidas con contenido alcohólico que muestran la creatividad de las personas (Trópico con Fresco Solo). Por ejemplo, mi tierra (Ibarra) se caracteriza por sus deliciosos helados de paila y el incomparable Norteño que, pensando en su público, lanzó una presentación en sachet, la cual es muy útil para ingresarla clandestinamente en estadios, coliseos y cualquier tipo de eventos sociales. En Guaranda está el clásico Pájaro Azul, en Cuenca el buen Zhumir con diversidad de presentaciones y sabores, en Manabí tenemos la Caña Manabita, en Esmeraldas nos deleitamos con Pedrito Coco y así puedo seguir enumerando el puro sabor nacional.

En el Ecuador cualquier pretexto es bueno para alzar una copa. Primero tenemos la infaltable cerveza helada que acompaña y ameniza los partidos de fútbol, las fiestas religiosas en donde lo que más hay es comida y trago, están las grandes y felices ocasiones que ameritan el descorche de una botella de Champagne Grand Duval y, por último, quién no ha sentido esa sed de “agua loca” cuando le han destrozado el corazón o simplemente se jaló en un examen. Además, como dicen por ahí, “mientras más prohibido, más rico” pues no hay nada más excitante para los ecuatorianos que violar la ley seca tanto por las ganas de brindar con los panas como por la adrenalina que causa el conseguir clandestinamente una botella del buen Zhumir o Norteño a la vecina de la esquina que hace las veces del Barón de la Cerveza.

Son esas veces que tenemos que pasar por un tratamiento médico o estamos de conductores d(r)esignados y no podemos unirnos a la fiesta porque tenemos que beber únicamente un “virgen cuba libre”, cuando nos damos cuenta de lo borracha que es esta sociedad y miramos con ojos inquisidores a los demás… Pero, no mintamos, todos hemos caído y nos hemos abrazado, hablando de la amistad... Es así como el alcohol funciona como uno de los más efectivos lubricantes sociales.

domingo, 24 de abril de 2011

Yo, una persona activa..

Hace tiempo había ofrecido escribir algo sobre mi maravillosa clase de educación física en la nueva escuelita. Sin duda, fue toda una historia. Fue un lunes en la tarde cuando recibimos por correo electrónico, una invitación de otra escuelita para participar en la "Pausa Activa" con motivo del "Día Mundial de la Actividad Física". Lo único que me alegró es que ese día todos debíamos asistir con uniforme de deportes. 

Llegó el día miércoles y yo estaba ataviada con un jean, tenis y la camiseta del equipo de mis amores. También, un par de colitas en el cabello, una bufanda y todas las ganas de "fugarme" de esa clase porque era en medio de una plaza pública a vista de todo el que pasara por la calle (Debemos considerar que se trata de un sector concurrido de la ciudad). En fin, llegó el profesor y ya no tuve oportunidad de escaparme, bajé con todo el grupo por las escaleras como si aspirara a formar parte del equipo de cheerleaders. 

El ejercicio no fue gran cosa, aunque con mi estado físico pasé dos días sin poder moverme del todo bien porque descubrí que tenía músculos que ni sabía que existían. Fue divertido porque lo que me falta de actividad física, lo compenso con mucho entusiasmo! A la final, se requieren 17 músculos para sonreír y eso no lo consigue cualquiera.

En todo caso, y pese a la excelente clase dictada... Mis deportes favoritos siguen siendo comer y dormir... Pero ahora tengo un hermoso "certificado" que dice que soy una persona activa y con eso me basta y me sobra.. :)

Mi mundo 2.0


Lo que me gusta de la interacción 2.0 es que tienes la libertad de decir lo que piensas sin temor a represalias (Bueno, por ahora) y a la primera intención de una respuesta que no te gusta, simplemente puedes dar click en “Unfollow” o “Unfriend” y todo solucionado. La vida cotidiana no tiene esa facilidad, cuántas veces ha pasado por nuestra mente dinamitar a una persona que dejó de cuadrar en nuestro día a día pero simplemente no se puede porque no sería políticamente correcto.

Mi intensa aparición en el mundo en las redes sociales se ha basado en la curiosidad que tengo sobre otras personas y otras culturas y mi deseo de conocerlas más profundamente. Recuerdo aquellos tiempos en que Latinchat existía y podía pasar todas las noches conectada con gente de otros países solamente aprendiendo mucho de ellas y ellos, mi Nick era Ani270 y vivía en la sala en Inglés. Luego ya la cosa se puso más emocionante con el Messenger, aunque los regaños de mis padres eran frecuentes por las costosas cuentas telefónicas debido al internet dial – up.

Cómo olvidar luego el Hi5 que nos permitía curiosear la vida ajena y nos dejaba ver quién visitaba nuestro perfil. Me gustaba tanto esa red social que realicé un estudio semiótico sobre el tema, obtuve una buena calificación con ese trabajo para mi clase de “Sociología de la Comunicación” Una de esas materias optativas que tomé en la universidad para estar junto a mi mejor amiga que se especializó en otra cosa.

Después, apareció en escena Facebook, al principio no lo entendía y me rehusaba a cambiar mi perfil de Hi5 porque, después de todo, tenía millón y medio de fotos subidas en una gran diversidad de álbumes. Luego me fue seduciendo con sus aplicaciones y obviamente caí en el vicio de Farmville hasta el punto que tenía que salir corriendo de tal o cual lugar porque “Tenía que cosechar mis frutillas”. Poco a poco empecé a usar nuevas aplicaciones hasta que nos “hicimos amiguitos” y opté por cerrar mi cuenta en Hi5.

Más tarde conocí el maravilloso mundo de Twitter que para mucha gente es el peor vicio que he adquirido en los últimos años pero que yo lo disfruto mucho. Si bien una de las características de esta muchacha es ser amiguera en el mundo 1.0; sin embargo, es muy divertido tener varios amigos imaginarios en el timeline. Hay veces que siento que mis followers conocen más de mí, que el resto de comunes mortales porque saben, en tiempo real, cuando tengo hambre!

Nunca imaginé que las redes sociales me iban a seducir de tal forma que se convirtieron en parte de mi trabajo. Inicialmente saqué una cuenta en Facebook con el fin de dar a conocer el trabajo de mi Escuelita Fiscal Nocturna y Rural porque es triste hacer un excelente trabajo pero no poder compartirlo con el mundo. Tomé varios cursos de especialización para convertirme en Community Manager y creo que es algo que hago (no sé si bien o mal) con mucho entusiasmo. Ahora estoy emprendiendo este trabajo en mi nueva Escuelita y funciona bastante bien, solo espero seguir aprendiendo...

lunes, 11 de abril de 2011

Y así nomás con el transporte público...


Alguien una vez me dijo que el transporte público tiene una onda chévere y hasta medio romántica como de cuento, a lo que yo respondí que si quiere como referencia un cuento, más bien me recuerda a la Cenicienta, al momento en el que la carroza de cristal se convierte en calabaza. Y no es que quiera parecer presumida, solo que nunca me ha gustado el transporte público, especialmente el de la ciudad de Quito. Soy más bien del tipo de persona que prefiere ponerse tenis y salir a caminar porque es una buena manera de entrar en contacto con mis voces interiores. Sin embargo, ahora que voy a la nueva escuelita, no puedo usar tenis y tampoco me queda cerca de mi casa – no ingresé en la zonificación escolar para este año lectivo – por lo que me he visto obligada a subirme al sistema trolebús.

Pero quiero aclarar que no es aberración al transporte público per se, es solo que durante todos mis estudios secundarios tuve que tomar diariamente buses y de esos que hacen carreras entre ellos, en los que cuando están llenos te obligan a subirte en el tubo de escape y agacharte cuando hay control de la policía. No importaba si llovía o hacía frío, cada día, a las 5:55 de la mañana, tenía que salir de mi casa con una mochila que parecía departamento, pararme en la esquina y esperar que un bus pase. Cabe mencionar que estudiaba en colegio de monjas y mi uniforme consistía en una bella falda plisada de color azul, blusa blanca, saco azul, medias de futbolista (blancas hasta la rodilla, con dos líneas azules en la parte superior), mocasines negros y un bello babero (o gola, pero para el caso, es igual).

Como siempre, en mi vida, me han pasado algunas historias. Por ejemplo, cuando otra escuelita fiscal nos invitó a participar de la “Pausa activa” (Tengo que hacer un post sobre ello). Un profe de educación física vino a mi escuelita a enseñarnos algunos ejercicios de relajación para no morir jóvenes ni frente a la computadora del trabajo. Ese día, al fin, pude usar tenis, jean, la camiseta de mi equipo favorito y un par de cachitos en el cabello. Salía de mi casa, para cumplir mi rutina diaria y me topo con la novedad que están cerradas las calles, había caos vehicular y lo peor de todo: No había sistema de transporte público. Aproveché que tenía zapatos deportivos y caminé seis cuadras hasta la siguiente parada, solo para enterarme que tendría que caminar, al menos ocho más, para conseguir un trolebús.

Bajo la lluvia, tenía que esperar un taxi, las bastas del jean estaban mojadas hasta la rodilla y los zapatos deportivos blancos se habían tornado grises. Una joven, a mi lado, también intentaba conseguir un taxi lo cual ponía en riesgo que podamos movilizarnos porque sería ella o yo. Así que con una sonrisa amable y una mirada de inocencia (propia en mí) le pregunté hacia dónde se dirigía y si deseaba tomar un taxi conmigo, ella aceptó y conseguimos movilizarnos sin más contratiempos. Además, fue bueno interactuar un poco de camino a la oficina.

Ese día llegué a tiempo a la escuelita, aunque la persona que tenía la llave estaba atrancada en el tráfico y aún no llegaba. Sentados todos los compañeritos en las escaleras, tuvimos un tiempo ameno de socialización…

Después de todo, sonríe Ecuador! Todavía queda gente amable!

martes, 22 de marzo de 2011

La foto de carné... Para los más buscados.


En mi Unidad Educativa del Milenio me indicaron vía memorándum (Me suena tan importante esa palabra, aunque no sea más que una simple comunicación interna) que tenía que trabajar dos sábados para recuperar los días del feriado de Carnaval que, por cierto, no disfruté en esa institución. Sin embargo, no es mi costumbre quejarme (Mentira!) así que acepté gustosamente (Mentira!!!) y asistí normalmente a mi escuelita pero ya dejé la ropa almidonada y fui con jean, tenis y camiseta… Debo confesar que me sentía en el paraíso. 

Al llegar a la oficina, luego de un trote maratónico porque llevaba 6 minutos tarde a causa de la mala planificación municipal respecto al arreglo de las calles, sin previo aviso; puse mi manito en el aparato para controlar la asistencia y; me encontré con la puerta cerrada. Me senté en una grada para recuperar el aliento, disminuir el rojo de los cachetes y hacer tiempo hasta que llegue el “semanero” con la llave. 

En mi divagar matutino, llegó una compañera con una interesante noticia: Por orden superior todos los ecuatorianos debemos utilizar la nueva cédula y, nosotros como empleados públicos, teníamos preferencia en la asignación de turnos... Justo (Y solamente) ese día! Bueno, maldije el momento en que decidí vestirme zarapastrozamente, cuando opté por no peinarme y el haberme peleado con el espejo. El hecho de que mis compañeras hayan ido acicaladas, solo me hizo sentir más incómoda pero ya estaba embarcada en el trámite.

Al llegar al nuevo Registro Civil – debo reconocer que está impecable, así hasta para casarse con gusto – hicimos la fila preferencial para el pago del nuevo documento, esperamos como todos y cuando estaba a un turno de ser atendida me mandaron a otro módulo. El joven que me atendió estaba revisando su Facebook y estaba más concentrado en criticarle a una muchacha en una fiesta que en atenderme a mí. Cuando tenía unos chispazos de concentración me hacía preguntas como “Es esta su dirección actual?” y yo respondía “No, ya no vivo ahí”, “Tiene planilla de agua o luz para cambiarle?”, “No, no traje”, “Entonces sigue viviendo ahí”. La misma historia ocurrió con mis estudios así que para la cédula yo sigo siendo Bachiller de la República, bueno, al menos me hace sentir joven.

Cuando me preguntó mi color favorito, yo estuve por responderle “Pero hagámonos amiguitos primero, cualquiera me invita al Facebook aunque sea”. Seguramente notó mi cara de sorpresa y me explicó que esta sería mi clave para cuando quiera sacar una nueva cédula. No sé a ustedes pero a mí me preguntó mi número celular, cosa que me sorprendió sobremanera ya que a mis compañeras no les solicitaron esa información (Aún espero secretamente que me llame para invitarme a su Facebook). 

Llegó el momento crucial de toda persona que tiene que sacar la cédula: La foto! Ahí medio medio “me asenté los pelos”[1] y me tuve que quitar los aretes (Aún no entiendo una razón lógica para tal disposición) y como el maquillaje no es algo que lleve en mi bolso normalmente no pude hacer más por mi cara. Lo único que pude hacer es poner mi mejor sonrisa. El primerísimo primer plano muestra hasta mis malos pensamientos y próximamente será utilizado para un reportaje sobre “Las Dulces Sueños”. En fin, ahora ya tengo el documento oficial para el nuevo referéndum y solamente puedo decir que creo en los milagros, excepto en la foto de la cédula…


[1] Asentar los pelos: Dícese de la expresión utilizada para intentar - fallidamente - peinarse.

martes, 15 de marzo de 2011

Campaña nacional: No más planchas

Estoy recogiendo firmas para la Campaña Nacional: No más planchas y espero que por favor me brinden su apoyo. El objetivo de esta campaña es que la gente deje de usar blusas que parezcan de almidón y pantalones que deban tener una impecable raya en la mitad de las piernas. La plancha es uno de los aparatos que emplean más energía, casi el doble que un computador en pleno funcionamiento, o cuatro televisores encendidos, u ocho equipos de minicomponentes entonces.. por qué ser tan crueles con el planeta?

Es curioso lo que uno puede encontrar en Youtube. Hay un señor que en 7 minutos pretende enseñar a planchar una camisa con perfecta elegancia. Que levante la mano quién sabe qué es una  sisa! Yo me he tratado de instruir pero la verdad me parece que el planchar la ropa es una de las formas más aburridas de perder el tiempo. Y eso no es todo...

Cada día es un nuevo tormento para elegir la ropa. Desempolvar los pantalones de tela y las blusas refundidas en el armario se ha convertido en una ceremonia más larga que el Ramadán y tiene que repetirse cada noche. Es en estas situaciones cuando me encantaría volver a las épocas colegiales en las que solamente tenía que planchar la falda los lunes y la misma llegaba en calidad de trapeador al día viernes pero no implicaba mayor inversión de tiempo. 

Espero que en el futuro también pueda presentar una disertación sobre "Medias nylon, una forma de tortura medieval en el siglo XXI". Como análisis de caso expondré el trabajo que cuesta subirse al Trolebús en hora pico, con tacones, con medias nylon, un bolso más grande que el escritorio de la oficina sin exponer la integridad física, sin dejarse robar y, sobre todo, sin que se rompan las pantimedias. Seguramente ese debería ser un nuevo deporte extremo integrado a las Olimpiadas.

Cómo extraño los días en que podía ir a la oficina con jean, tenis y la camiseta con la leyenda "Hoy no estoy de genio"... Quizá este sábado que vaya a la escuelita pueda ir con un estilo más informal..

Adiós a mi escuelita fiscal, nocturna y rural


Finalmente, luego de dos años de pretender arduamente que trabajo en mi escuelita fiscal, nocturna y rural  me dieron el pase de año a segundo de básica en una nueva institución. La noticia del cambio a una Escuelita del Milenio obviamente me llenó de felicidad porque al fin voy a poner en práctica mi profesión, la cual amo profundamente.

El día previo a la entrevista tuve que pensar dos horas en que vestiría para mi aplicación, luego de ello tuve que planchar la ropa que decidí usar. Me puse una falda (sin relación alguna con el post anterior sobre El poder de una falda sino solo por el simple hecho de sentirme formal), me planché también el cabello, me maquillé y con los lentes... Tenía pinta de vendedora de enciclopedias, solo me faltaba el maletín.

Me escapé de la escuelita fiscal, nocturna y rural con el pretexto de ir al banco porque no podía decirle a la señora directora que estaba por desertar. Tomé un taxi para la Escuelita del Milenio donde me esperaba mi nuevo y futuro señor director. Mientras recorría las calles capitalinas o al menos estaba enredada en el tráfico que suele colapsar especialmente cuando uno más apuro tiene (Gracias Murphy por eso) me repetía la consigna para la entrevista. Habrá quienes piensen que yo me mentalizaba cosas así como esos libros de autoayuda de “El Secreto y el poder de atracción” pero la verdad fue la misma que utilicé para mi defensa de tesis: “Vamos tonta pero segura” y así fue.

Sin duda, esta experiencia – como todas – no estuvo exenta de complicaciones que incluyen el fugarme de clases para poder acudir a las entrevistas de trabajo o toda una odisea en varias instituciones gubernamentales para conseguir una lista de papeles y documentos más grande que mi última carta a Papá Noel pero con una presión extra... Debía entregar los papeles esa misma tarde. y me informaron al la 1 pm.. Afortunadamente conté con el apoyo familiar y juntos recorrimos varias dependencias, distribuimos actividades, nos indignamos con la incompetencia de algunos funcionarios de algunas de ellas pero a las 4 pm tenía hasta la foto de carné.

Una vez concluido este trámite, tenía que iniciar el siguiente: La renuncia formal. Creo que soy una persona mal diseñada para las despedidas porque para mí no hay cosa más triste que decir “Hasta luego” a un amigo., especialmente a esos compañeros de trabajo que se vuelven amigos ya sea por afinidad o porque son los que tienen que agantarse mutuamente, al menos, ocho horas diarias y cinco días a la semana. Yo estoy segura que si mi mamá tuviera que hacer eso, me hubiera despedido hace rato.

La renuncia plasmó mi agradecimiento por todo lo aprendido y por el cariño recibido. Efectivamente, no estuvo exenta de lágrimas y abrazos porque como lo he dicho siempre... Yo también tengo mi corazoncito. Todos mis tereques cupieron en una caja de impresora que hurté de la oficina (la caja, no la impresora), en mi flash entraron los pocos archivos personales que tenía en la PC que tantas veces me perdió documentos y me sirvió para twittear sin miedo y, a la mano, me llevé la cobija térmica que había usado en horas de frío. 
 
Ahora empieza una nueva aventura, estoy poniéndole ganas y mucho empeño pero reconozco que una de las cosas más tediosas y que seguramente me tomará tiempo acostumbrarme es el vestirme almidonada. y usar tacones altos. Extraño tanto mi estilo zarrapastroso habitual... pero quizá sea parte de crecer...

De la entrevista, al ghosteo!

Hoy estoy triste. No hay una forma graciosa de decirlo ni algún eufemismo que me ayude a suavizar este sentimiento. El 30 de junio entré ofi...