viernes, 8 de julio de 2011

Las niñas, un mundo por descubrir

Cuando yo era pequeña (ok, más pequeña) no entendía la razón por la que mis papás me habían hecho una niña y no un niño. Yo envidiaba tanto la libertad que tenía mi hermano para moverse y vestirse mientras que yo debía usar vestidos que odiaba, mallas que rompía a propósito, binchas de bolas que eran literalmente un dolor de cabeza, estaba obligada a sentarme con las piernas cerradas y permanecer impecable cuando lo que más me gustaba era jugar, treparme a los árboles, arrastrarme por el suelo y estar con los otros niños.

Creo que desde esa edad ya nos aflojan par tornillos a las niñas. Mis padres también tuvieron la genial idea de meterme en colegio de monjas porque consideraron que era demasiado, digamos, extrovertida para desenvolverme en un colegio mixto. No cuestiono su decisión pero sin duda, fueron trece años de gran aprendizaje sobre el funcionamiento de las mujeres. He aquí algunas de mis conclusiones:

Aprendí que el ser mujer te mete por defecto en una competencia aunque ni siquiera estés consciente de ello. Las niñas compiten por quién es la más bonita, la que se viste mejor, la que se maquilla bien, la que es más inteligente, la que tiene el novio más guapo y así por cualquier cosa. Y la clave para sobrevivir es permanecer perfil bajo pero en ese tiempo yo no lo sabía! Y comenzando porque tengo una voz que se escucha de un extremo al otro de la ciudad y no puedo quedarme callada más de dos segundos, jamás he sido perfil bajo y muchas veces perdí en esta competencia absurda.

Aprendí también que la “mejor amiga” es de esas categorías que debe manejarse con riesgo de explosión radioactiva pues generalmente es la persona que al enojarse contigo, suelta todos los secretos más íntimos que le contaste mientras hacían ese pacto de amistad por siempre. Los hombres suelen ser más leales, siempre he sentido cierta envidia porque tienen el pacto tácito de que “Entre bomberos no se pisan las mangueras” y, salvo ciertas excepciones, lo cumplen. Fue hasta la universidad que realmente conocí a una mujer que vale le pena denominarse como mejor amiga y llevamos como 7 años de una hermosa relación.

Y por último y, especialmente en este último tiempo, aprendí que no importa quién seas, ni lo que hagas, ni siquiera lo que aspires en la vida. Siempre habrá niñas que te odian por el simple hecho de existir. Hay quienes dicen que es envidia pero yo tengo mis dudas, simplemente creo que es desocupación y falta de sentón[1]. Por mi parte, creo que nunca seré la persona más popular entre las niñas pero en lo que podemos considerar mi “mini mundo”, no somos muchas pero somos machas! Quizá un poco desprolijas, con un cariño poco convencional pero de lo más divertido que hay en el mercado.






[1] Sentón: Dícese de la expresión que se refiere al acto de sentarse sobre una persona que ya está sentada.

Hablando de fantasmas..


Mi nueva escuelita está creciendo y al parecer, ya no hay cama para tanta gente. Por ese motivo, con mi equipo, tuvimos que mudarnos a la casita contigua. Es una casa patrimonial, de aquellas en las que seguramente vivieron nuestros abuelitos o los abuelitos de nuestros abuelitos. 

Tiene una puerta de 20 centímetros de grosor y pesa como una tonelada, la llave puede ser usada también como un arma de defensa personal. Tiene dos pisos, en la planta baja funciona una biblioteca y hay un piano antiguo que hace juego con la decoración. Las gradas son la cosa más tétrica que haya conocido, basta empezar a subir o bajar para sentir un crujido escalofriante bajo los pies. 

En vista del estado de emergencia por el que atravesamos durante todo el mes de mayo, tuvimos que trabajar hasta altas horas de la noche. Al principio, era divertido porque entre bromas y risas, el tiempo pasaba volando. Sin embargo, un día me tocó quedarme sola en mi nuevo curul, terminando un "deber" super largo y tedioso. Cuando mi último compañero se fue a su casa, yo bajé a cerrar la puerta con llave, por motivos de seguridad. Al darme la vuelta sentí ese frío en la espalda, propio de la gente que está muerta de miedo. Volví a mi oficina, subí el volumen de la música, me conecté a twitter para sentirme acompañada y seguí con mi trabajo. 

Minutos más tarde, se fue el internet en la oficina y empecé a oír pasos en la planta baja. Ahí es el momento en que racionalmente uno se convence que solamente son alucinaciones y que no hay que darles importancia. Sin embargo, las “alucinaciones” empezaron a hacerse más reales y más cercanas porque ya estaban en el descanso de las gradas. Segundos más tarde, los pasos estaban en el segundo piso y se acercaban peligrosamente a mi oficina. En ese momento sabía que gritar o correr, no me iba a ayudar así que empecé a pensar en un buen titular para el diario sensacionalista local y cerré con fuerza los ojitos. 

Resulta que era el guardia que había entrado porque la puerta estaba mal cerrada (yo podría jurar que cerré con llave) y que me echaba de la escuelita porque ya era demasiado tarde. El pobre hombre no entendió por qué le quedé mirando con cara de asesina en serie ni tampoco pude explicar por qué estaba tan pálida y me sudaban las manos. En ese momento entendí que me sería imposible continuar trabajando, así que guardé el documento en mi flash memory y volé a mi casa.

La mente es la herramienta más poderosa que tengo.. Y a veces me juega malas pasadas..  Pero creo que aprendí a no burlarme más de los "cuquines"..

viernes, 13 de mayo de 2011

Quito y la paranoia

Quito se ha convertido en una ciudad intransitable por la mala condición de las calles, veredas, avenidas, puentes, parques, entre otros, pero también porque es muy insegura para conductores, peatones y cualquier ser humano. Les voy a contar una historia que ocurrió hace ya algún tiempo pero como hoy tuve un buen susto al salir de la escuelita, decidí contársela.

Como antecedente, yo tenía una pequeña carcachita como celular, pero mi novio decidió deshacerse de ella porque ya no recibía mensajes, no se escuchaban las llamadas y se apagaba sin motivo aparente. Digo sin motivo aparente porque no creo necesario considerar las veces que se estrelló contra el planeta. En todo caso, es así como Pedrito, mi nuevo celular, apareció en escena y desde un principio le cogí mucho cariño.

Tres días más tarde, era una mañana soleada de octubre cuando, a causa del Pico y Placa (un proyecto de la alcaldía de Quito que no ha hecho más que causar dolores de cabeza) tuve que caminar hasta mi escuelita fiscal, nocturna y rural. Lastimosamente, yo no tenía las llaves de la puerta de entrada y me quedé esperando afuera. Precisamente los días que me movilizaba a pie no solía llevar documentos ni dinero en efectivo, apenas tenía unos centavos que empleé en comprarme una empanada de queso.

Esperando que llegue la persona encargada de las llaves, saqué el celular en plena calle – sé que fue muy imprudente de mi parte – e intenté contactarme con alguien para tener una noción de cuánto tendría que esperar (Próximamente haré un post sobre la impuntualidad o lo que tanto se conoce como la “Hora Ecuatoriana”). En ese preciso momento, alguien se paró detrás de mí y me dijo: “Mira que yo no soy ladrón, soy asesino y te voy a matar si no me das el celular”, no solo sus palabras sino toda su presencia me dejaron absolutamente pasmada. Recuerdo como un sueño, haber guardado el teléfono en el bolsillo y haber empezado a llorar sin poder siquiera articular palabra.

Lo simpático de esta historia (Obviamente, ya han pasado varios meses y por eso ahora me parece simpático), es que entré en tal estado de pánico, que el joven en cuestión se arrodilló, me pidió disculpas y me dijo que si le daba dinero se iría sin hacerme daño lo cual me pareció muy considerado de su parte. Por un instante, pensé en brindarle mi empanada, pero quizá ya habría desayunado y podía molestarse pero era lo único que tenía para ofrecerle.

Un taxista pasaba por la esquina de los choques y decidió apoyarme junto con otro conductor que también se bajó de su vehículo y ambos enfrentaron al señor don ladrón. Esta es una de las pocas veces en que la historia tiene un final feliz y que la persona afectada puede contarla, pero eso gracias a que la gente me dio una mano porque basta que alguien tome la iniciativa para que decenas de curiosos lleguen a hacer bochinche. Es verdad que el problema de la ciudad es la inseguridad latente pero más aún que ya a nadie le importa lo que pasa a su alrededor, nos hacemos de la vista gorda ante el sufrimiento ajeno pero salimos de casa haciendo la señal de la cruz y esperando que ese día, no nos toque.

El trago como lubricante social. Capítulo I


Públicamente he dicho que al ecuatoriano promedio le encanta el trago. Así a primera vista muchas personas pueden pensar que exagero pero tengo una serie de motivos por los cuales defiendo esta tesis. La primera y, para mí, la más contundente es que a muchos de nosotros nos amamantaron con Julio Jaramillo. Y esas canciones como “El día en que me faltes me arrancaré la vida” o “Si tu mueres primero, yo te prometo que escribiré la historia de nuestro amor con toda el alma llena de sentimiento, la escribiré con sangre con tinta sangre del corazón” definitivamente nos arruinaron la psiquis y nos pusieron un modo sufridor por default. Aunque personalmente prefiero ser de la generación que se crió con J. Jaramillo y no con J. Bieber.

Nuestro país se caracteriza por una gran variedad gastronómica pero también por una diversidad de bebidas con contenido alcohólico que muestran la creatividad de las personas (Trópico con Fresco Solo). Por ejemplo, mi tierra (Ibarra) se caracteriza por sus deliciosos helados de paila y el incomparable Norteño que, pensando en su público, lanzó una presentación en sachet, la cual es muy útil para ingresarla clandestinamente en estadios, coliseos y cualquier tipo de eventos sociales. En Guaranda está el clásico Pájaro Azul, en Cuenca el buen Zhumir con diversidad de presentaciones y sabores, en Manabí tenemos la Caña Manabita, en Esmeraldas nos deleitamos con Pedrito Coco y así puedo seguir enumerando el puro sabor nacional.

En el Ecuador cualquier pretexto es bueno para alzar una copa. Primero tenemos la infaltable cerveza helada que acompaña y ameniza los partidos de fútbol, las fiestas religiosas en donde lo que más hay es comida y trago, están las grandes y felices ocasiones que ameritan el descorche de una botella de Champagne Grand Duval y, por último, quién no ha sentido esa sed de “agua loca” cuando le han destrozado el corazón o simplemente se jaló en un examen. Además, como dicen por ahí, “mientras más prohibido, más rico” pues no hay nada más excitante para los ecuatorianos que violar la ley seca tanto por las ganas de brindar con los panas como por la adrenalina que causa el conseguir clandestinamente una botella del buen Zhumir o Norteño a la vecina de la esquina que hace las veces del Barón de la Cerveza.

Son esas veces que tenemos que pasar por un tratamiento médico o estamos de conductores d(r)esignados y no podemos unirnos a la fiesta porque tenemos que beber únicamente un “virgen cuba libre”, cuando nos damos cuenta de lo borracha que es esta sociedad y miramos con ojos inquisidores a los demás… Pero, no mintamos, todos hemos caído y nos hemos abrazado, hablando de la amistad... Es así como el alcohol funciona como uno de los más efectivos lubricantes sociales.

domingo, 24 de abril de 2011

Yo, una persona activa..

Hace tiempo había ofrecido escribir algo sobre mi maravillosa clase de educación física en la nueva escuelita. Sin duda, fue toda una historia. Fue un lunes en la tarde cuando recibimos por correo electrónico, una invitación de otra escuelita para participar en la "Pausa Activa" con motivo del "Día Mundial de la Actividad Física". Lo único que me alegró es que ese día todos debíamos asistir con uniforme de deportes. 

Llegó el día miércoles y yo estaba ataviada con un jean, tenis y la camiseta del equipo de mis amores. También, un par de colitas en el cabello, una bufanda y todas las ganas de "fugarme" de esa clase porque era en medio de una plaza pública a vista de todo el que pasara por la calle (Debemos considerar que se trata de un sector concurrido de la ciudad). En fin, llegó el profesor y ya no tuve oportunidad de escaparme, bajé con todo el grupo por las escaleras como si aspirara a formar parte del equipo de cheerleaders. 

El ejercicio no fue gran cosa, aunque con mi estado físico pasé dos días sin poder moverme del todo bien porque descubrí que tenía músculos que ni sabía que existían. Fue divertido porque lo que me falta de actividad física, lo compenso con mucho entusiasmo! A la final, se requieren 17 músculos para sonreír y eso no lo consigue cualquiera.

En todo caso, y pese a la excelente clase dictada... Mis deportes favoritos siguen siendo comer y dormir... Pero ahora tengo un hermoso "certificado" que dice que soy una persona activa y con eso me basta y me sobra.. :)

Mi mundo 2.0


Lo que me gusta de la interacción 2.0 es que tienes la libertad de decir lo que piensas sin temor a represalias (Bueno, por ahora) y a la primera intención de una respuesta que no te gusta, simplemente puedes dar click en “Unfollow” o “Unfriend” y todo solucionado. La vida cotidiana no tiene esa facilidad, cuántas veces ha pasado por nuestra mente dinamitar a una persona que dejó de cuadrar en nuestro día a día pero simplemente no se puede porque no sería políticamente correcto.

Mi intensa aparición en el mundo en las redes sociales se ha basado en la curiosidad que tengo sobre otras personas y otras culturas y mi deseo de conocerlas más profundamente. Recuerdo aquellos tiempos en que Latinchat existía y podía pasar todas las noches conectada con gente de otros países solamente aprendiendo mucho de ellas y ellos, mi Nick era Ani270 y vivía en la sala en Inglés. Luego ya la cosa se puso más emocionante con el Messenger, aunque los regaños de mis padres eran frecuentes por las costosas cuentas telefónicas debido al internet dial – up.

Cómo olvidar luego el Hi5 que nos permitía curiosear la vida ajena y nos dejaba ver quién visitaba nuestro perfil. Me gustaba tanto esa red social que realicé un estudio semiótico sobre el tema, obtuve una buena calificación con ese trabajo para mi clase de “Sociología de la Comunicación” Una de esas materias optativas que tomé en la universidad para estar junto a mi mejor amiga que se especializó en otra cosa.

Después, apareció en escena Facebook, al principio no lo entendía y me rehusaba a cambiar mi perfil de Hi5 porque, después de todo, tenía millón y medio de fotos subidas en una gran diversidad de álbumes. Luego me fue seduciendo con sus aplicaciones y obviamente caí en el vicio de Farmville hasta el punto que tenía que salir corriendo de tal o cual lugar porque “Tenía que cosechar mis frutillas”. Poco a poco empecé a usar nuevas aplicaciones hasta que nos “hicimos amiguitos” y opté por cerrar mi cuenta en Hi5.

Más tarde conocí el maravilloso mundo de Twitter que para mucha gente es el peor vicio que he adquirido en los últimos años pero que yo lo disfruto mucho. Si bien una de las características de esta muchacha es ser amiguera en el mundo 1.0; sin embargo, es muy divertido tener varios amigos imaginarios en el timeline. Hay veces que siento que mis followers conocen más de mí, que el resto de comunes mortales porque saben, en tiempo real, cuando tengo hambre!

Nunca imaginé que las redes sociales me iban a seducir de tal forma que se convirtieron en parte de mi trabajo. Inicialmente saqué una cuenta en Facebook con el fin de dar a conocer el trabajo de mi Escuelita Fiscal Nocturna y Rural porque es triste hacer un excelente trabajo pero no poder compartirlo con el mundo. Tomé varios cursos de especialización para convertirme en Community Manager y creo que es algo que hago (no sé si bien o mal) con mucho entusiasmo. Ahora estoy emprendiendo este trabajo en mi nueva Escuelita y funciona bastante bien, solo espero seguir aprendiendo...

lunes, 11 de abril de 2011

Y así nomás con el transporte público...


Alguien una vez me dijo que el transporte público tiene una onda chévere y hasta medio romántica como de cuento, a lo que yo respondí que si quiere como referencia un cuento, más bien me recuerda a la Cenicienta, al momento en el que la carroza de cristal se convierte en calabaza. Y no es que quiera parecer presumida, solo que nunca me ha gustado el transporte público, especialmente el de la ciudad de Quito. Soy más bien del tipo de persona que prefiere ponerse tenis y salir a caminar porque es una buena manera de entrar en contacto con mis voces interiores. Sin embargo, ahora que voy a la nueva escuelita, no puedo usar tenis y tampoco me queda cerca de mi casa – no ingresé en la zonificación escolar para este año lectivo – por lo que me he visto obligada a subirme al sistema trolebús.

Pero quiero aclarar que no es aberración al transporte público per se, es solo que durante todos mis estudios secundarios tuve que tomar diariamente buses y de esos que hacen carreras entre ellos, en los que cuando están llenos te obligan a subirte en el tubo de escape y agacharte cuando hay control de la policía. No importaba si llovía o hacía frío, cada día, a las 5:55 de la mañana, tenía que salir de mi casa con una mochila que parecía departamento, pararme en la esquina y esperar que un bus pase. Cabe mencionar que estudiaba en colegio de monjas y mi uniforme consistía en una bella falda plisada de color azul, blusa blanca, saco azul, medias de futbolista (blancas hasta la rodilla, con dos líneas azules en la parte superior), mocasines negros y un bello babero (o gola, pero para el caso, es igual).

Como siempre, en mi vida, me han pasado algunas historias. Por ejemplo, cuando otra escuelita fiscal nos invitó a participar de la “Pausa activa” (Tengo que hacer un post sobre ello). Un profe de educación física vino a mi escuelita a enseñarnos algunos ejercicios de relajación para no morir jóvenes ni frente a la computadora del trabajo. Ese día, al fin, pude usar tenis, jean, la camiseta de mi equipo favorito y un par de cachitos en el cabello. Salía de mi casa, para cumplir mi rutina diaria y me topo con la novedad que están cerradas las calles, había caos vehicular y lo peor de todo: No había sistema de transporte público. Aproveché que tenía zapatos deportivos y caminé seis cuadras hasta la siguiente parada, solo para enterarme que tendría que caminar, al menos ocho más, para conseguir un trolebús.

Bajo la lluvia, tenía que esperar un taxi, las bastas del jean estaban mojadas hasta la rodilla y los zapatos deportivos blancos se habían tornado grises. Una joven, a mi lado, también intentaba conseguir un taxi lo cual ponía en riesgo que podamos movilizarnos porque sería ella o yo. Así que con una sonrisa amable y una mirada de inocencia (propia en mí) le pregunté hacia dónde se dirigía y si deseaba tomar un taxi conmigo, ella aceptó y conseguimos movilizarnos sin más contratiempos. Además, fue bueno interactuar un poco de camino a la oficina.

Ese día llegué a tiempo a la escuelita, aunque la persona que tenía la llave estaba atrancada en el tráfico y aún no llegaba. Sentados todos los compañeritos en las escaleras, tuvimos un tiempo ameno de socialización…

Después de todo, sonríe Ecuador! Todavía queda gente amable!

De la entrevista, al ghosteo!

Hoy estoy triste. No hay una forma graciosa de decirlo ni algún eufemismo que me ayude a suavizar este sentimiento. El 30 de junio entré ofi...